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A lo largo de la historia de las civilizaciones, las fiestas de fin de año generan festejos basados en la esperanza que se renueva cada 365 días.

Es la época del año de mayor unión familiar y el momento de recordar a nuestros amigos y celebrarlos.

Proyectamos hacia adelante lo que vamos a buscar en el año que comienza y analizamos lo que dejamos atrás y las enseñanzas de lo vivido con una gran fiesta cargada de símbolos.

En todas las culturas y en todos los tiempos, los cambios de ciclo han llevado grandes festejos que caracterizan las celebraciones de fin de año o Nochevieja, con ritos o tradiciones que atraen salud, amor y dinero, los tres pilares básicos de la felicidad del hombre.

 Por lo que no es extraño encontrar ritos ancestrales, propios de cada cultura y pueblo, que buscan mediante danzas y tradiciones la felicidad, el éxito y la abundancia.

Ya los babilonios, hace más de 4000 años, vieron en la repetición de las estaciones un motivo digno de celebrarse e instauraron un ciclo festivo que duraba 11 días de celebración, comenzando cuando la primavera describía sus primeros trazos entre los jardines colgantes de Babilonia.

 Las señales que preludiaban el nuevo año, también eran recibidas con algarabía por los egipcios, todo era festivo cuando llegaba el ansiado momento en que el río Nilo empezaba a crecer y el caudal se hacía propicio para la siembra. Entonces, la tierra era labrada con confianza en los tiempos venideros.

En Uruguay la costumbre es celebrar en familia con mucha alegría, baile, ricos manjares y bebida. También conservamos tradiciones como la Quema del Judas, que implica en armar un muñeco elaborado con ropa vieja, cartón o papel, relleno de tela y aserrín y con frecuencia con artefactos pirotécnicos, para ser quemado a la medianoche del 31 de diciembre.

Representa básicamente el año que termina y es una tradición que compartimos con un gran número de países de Latinoamérica, desde México, Ecuador, Colombia y Venezuela.

A su vez, cada uno de estos países poseen otras costumbres para las fiestas de fin de año, en Venezuela por ejemplo, antes que den las 12, las familias se reúnen en sus hogares y preparan la hallaca, una especie de humita exuberante, repleta de condimentos y relleno especial, que se regala a los amigos durante la noche de víspera de Año Nuevo. Es una forma de reafirmar la amistad y de desear buena suerte para el próximo año.

En Escocia festejan el  Hogmanay. El Hogmanay es un barril de madera, el cual se prende fuego y se lo pone a rodar por las calles, abriendo camino al año nuevo, Además, después de medianoche, llega el momento de presentar su «primer pie». A esa hora van a ver a sus allegados para desearles feliz año nuevo y les ofrecen un trago de whisky y un pedazo de pastel de avena. Los más viejos se quedan y esperan que el «primer pie» en sus casas sea el de una persona bella y alta y, sobre todo, de cabello negro que trae suerte.

 

En Alemania desafían al destino mediante la “ceremonia” del bleiglessen. Este ritual consiste en develar los misterios del futuro con una barra de plomo. El plomo se pasa por una soldadora, se funde hasta hacerse agua y las gotas plateadas se vierten en un vaso cuando el alba empieza a despuntar. El plomo líquido se vuelve sólido nuevamente y alcanza formas extrañas que -con una buena dosis de imaginación germánica- pueden predecir lo que depara el mañana.

Son muchas las tradiciones y costumbres que presentan los pueblos para las fiestas de fin de año, lo que sí es común denominador en todas las celebraciones la alegría, unión, esperanza y fe en un año mejor para todos.

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